Tun Khin: “¿Y qué pasa con los derechos humanos de las personas rohingyas?”

Desde hace unos meses, las organizaciones no gubernamentales han dado la voz de alarma por la situación que viven las personas rohingyas. Son 1,1 millones de personas que suponen una minoría étnica, predominantemente musulmana, en el estado de Rajine, situado en el oeste de Myanmar, fronterizo con Bangladesh.

Aunque viven en Myanmar desde hace generaciones, el gobierno de ese país insiste en que todos los rohingyas son inmigrantes ilegales de Bangladesh. Desde 1982, el Estado se niega a reconocerlos como ciudadanos, lo que en la práctica los convierte en apátridas.

El pasado 1 de marzo el defensor de los derechos humanos y de la comunidad rohingya, Tun Khin, habló en el encuentro organizado por Amnistía Internacional Madrid de las continuas vulneraciones de derechos humanos que se están cometiendo en Myanmar.

La actual situación no siempre fue así. Khin contó como tras la independencia del Reino Unido, su abuelo, también rohingya, llegó a ser ministro del Gobierno, parlamentario y que su padre, incluso, se graduó en la universidad del país. Todo cambió con la dictadura de 1962. Comenzó el acoso, persecución y el hostigamiento hacia esta comunidad. Les prohibieron moverse dentro del país, votar y estudiar. Les robaron sus derechos humanos.

Durante la dictadura, los refugiados rohingyas informaron de las continuas violaciones, torturas y asesinatos que el Ejército de Myanmar estaba cometiendo. Las familias, como la de Khin, tuvieron que  exiliarse a otros países.

En 2016, la ONU acusó al gobierno de Myanmar de estar realizando una “limpieza étnica de los rohingyas”. Tres años antes, la ONG Human Right Watch ya advirtió de estos crímenes de lesa humanidad. Pero el Gobierno lo negó y lo sigue negando. La Consejera de Estado y Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, ha rechazado cualquier acusación y mantiene su posición de no reconocer a los rohingyas como una etnia más del país. La dirigente, incluso, ha llegado a acusar a los rohingyas de grupos terroristas.

La ayuda humanitaria no llega a Myanmar porque las autoridades han prohibido su entrada. Tampoco han dejado entrar a periodistas para que documenten el genocidio. Para Khin, lo que se está viviendo en el país es “lo mismo que sucedió en Europa con los judíos y Hitler”.

El defensor de los derechos humanos terminó el acto preguntando al público: “¿Y qué pasa con los derechos humanos de las personas rohingyas? Actúen, por favor. Exijan al Gobierno español medidas contra el Ejecutivo de Myanmar. Que acaben estos crímenes”.

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